jueves, 24 de mayo de 2012

Repensar el crecimiento en pos de los recursos naturales



Entre los cambios hacia los que nos dirigimos como sociedad global se encuentra la necesidad de hacer de las actividades económicas actividades sustentables. En los últimos años el medio ambiente ha entrado de lleno a la agenda política de los distintos países, se han firmado grandes pactos internacionales como el protocolo de Kioto y se ha convocado a un sinfín de conferencias como la de Rio de Janeiro en 1992.

No obstante, los resultados se han dado de manera paulatina aunque no en la dimensión y rapidez con la que se quisiera. Las cifras alarmantes siguen recrudeciendo, de entre ellas podemos citar al astronauta André Kuipers cuando dice que para el año 2050, de seguir el ritmo actual de consumo de los recursos naturales, se van a necesitar el equivalente a 2.9 planetas.
En este artículo se abordará con brevedad tres de las grandes disyuntivas de la dinámica económica -a veces paradójica- del mundo que habitamos:

1.       La hambruna que padecen casi 1000 millones de personas se concentra en la mayoría de las regiones con altos niveles de actividades primarias, las cuales a su vez presentan un panorama desalentador en términos de sostenibilidad y medio ambiente. De gran preocupación resultan los datos que arroja la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en un documento de trabajo donde menciona que: “será necesario realizar inversiones netas de 83 000 millones de dólares EE.UU. cada año en la agricultura de los países en desarrollo si se quiere contar con alimentos suficientes para 9 100 millones de personas en 2050”.

Si en la actualidad 1 de cada 7 habitantes en el mundo padecen de hambruna ¿Cuál será la realidad en cuarenta años? ¿Alcanzará este planeta para todos, con menos recursos, mayores precios y más habitantes? ¿Cómo es posible que países que exportan grandes cantidades de materia agrícola tengan índices de desnutrición entre sus habitantes? Si bien las respuestas son muchas, no podemos permitir que se siga con dicha tendencia porque ni la hambruna ni la sobreexplotación de los recursos son sostenibles.

2.       Las regiones con menores índices de emisión de gases contaminantes son las más devastadas por los efectos del cambio climático. Si bien, éste se manifiesta en todo el mundo, no es lo mismo una sequía en Norteamérica o Europa que en el Cuerno de África o Centroamérica. La diferencia radica no en la magnitud de los desastres naturales sino en los recursos económicos y tecnológicos con los que se cuenta para hacer frente a estas contingencias.

En este sentido, una de las regiones más vulnerables es el Caribe, en donde diversos estudios señalan que las condiciones climáticas se volverán más extremas, afectando así las actividades socioeconómicas y los pequeños ecosistemas que componen la región, incluso, se dice que de derretirse por completo el Ártico, muchas de las islas caribeñas desaparecerían con la crecida del mar.

3.       La poca o nula armonización de las expectativas de crecimiento y expansión económica con las de un desarrollo sostenible. China pretende ser la primera potencia mundial, sin embargo la pregunta está en el aire: con menos recursos, una creciente clase media y un mayor encarecimiento de los mismos ¿hasta dónde alcanzará para crecer? Igualmente diversos países como Brasil, Rusia, India y Sudáfrica pretenden crecer a tasas superiores al 5% o bien, posicionarse como futuras potencias económicas y políticas en el escenario internacional.

Ante estos panoramas, ¿Cómo hemos pensado a México?  Si bien el país “alcanza para todos”, la situación actual que vivimos es lamentable en dos sentidos: a) la pobreza subsiste a pesar de que somos un país rico debido a la injusta distribución de la misma; b) hay crecimiento pero no desarrollo, pecado del pasado. A pesar de ello, la firma de inversión Goldman Sachs pronostica que nuestro país será la séptima economía mundial para el año 2020, pero ¿Cómo proyectarse como potencia mundial teniendo a largo plazo recursos naturales y vitales limitados? ¿A qué costo podremos ser potencia económica? ¿Cuánta agua necesitaremos? ¿Cuánto gas? ¿Cuántos bosques y selvas serán necesarios para sostener dicho crecimiento? ¿Cuánto petróleo necesitaremos extraer?
En suma, resulta imperativa la revisión a fondo de las oportunidades que existen en áreas como las energías renovables y el ecoturismo, entre otras, pero también se tiene que repensar no sólo  nuestra política económica y ambiental, sino plantearnos el ¿porqué crecer? ¿para qué crecer? y ¿cómo crecer?

Bibliografía
CONABIO (Comisión Nacional de la Biodiversidad)
FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura)
WWE (Fondo Mundial para la Naturaleza)
Instituto Nacional de Ecología
CNN Expansión
Día Internacional de la Biodiversidad (página oficial) 

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