Entre los cambios hacia los que
nos dirigimos como sociedad global se encuentra la necesidad de hacer de las
actividades económicas actividades sustentables. En los últimos años el medio
ambiente ha entrado de lleno a la agenda política de los distintos países, se
han firmado grandes pactos internacionales como el protocolo de Kioto y se ha
convocado a un sinfín de conferencias como la de Rio de Janeiro en 1992.
No obstante, los resultados se
han dado de manera paulatina aunque no en la dimensión y rapidez con la que se
quisiera. Las cifras alarmantes siguen recrudeciendo, de entre ellas podemos
citar al astronauta André Kuipers cuando dice que para el año 2050, de seguir
el ritmo actual de consumo de los recursos naturales, se van a necesitar el
equivalente a 2.9 planetas.
En este artículo se abordará con
brevedad tres de las grandes disyuntivas de la dinámica económica -a veces
paradójica- del mundo que habitamos:
1.
La hambruna que padecen casi 1000 millones
de personas se concentra en la mayoría de las regiones con altos niveles de
actividades primarias, las cuales a su vez presentan un panorama desalentador
en términos de sostenibilidad y medio ambiente. De gran preocupación
resultan los datos que arroja la Organización para la Alimentación y la
Agricultura (FAO) en un documento de trabajo donde menciona que: “será necesario realizar inversiones netas
de 83 000 millones de dólares EE.UU. cada año en la agricultura de los países
en desarrollo si se quiere contar con alimentos suficientes para 9 100 millones
de personas en 2050”.
Si en la actualidad 1 de cada 7 habitantes en el mundo
padecen de hambruna ¿Cuál será la realidad en cuarenta años? ¿Alcanzará este
planeta para todos, con menos recursos, mayores precios y más habitantes? ¿Cómo
es posible que países que exportan grandes cantidades de materia agrícola
tengan índices de desnutrición entre sus habitantes? Si bien las respuestas son
muchas, no podemos permitir que se siga con dicha tendencia porque ni la
hambruna ni la sobreexplotación de los recursos son sostenibles.
2.
Las regiones con menores índices de emisión
de gases contaminantes son las más devastadas por los efectos del cambio
climático. Si bien, éste se manifiesta en todo el mundo, no es lo mismo
una sequía en Norteamérica o Europa que en el Cuerno de África o Centroamérica.
La diferencia radica no en la magnitud de los desastres naturales sino en los
recursos económicos y tecnológicos con los que se cuenta para hacer frente a
estas contingencias.
En este sentido, una de las regiones más vulnerables
es el Caribe, en donde diversos estudios señalan que las condiciones climáticas
se volverán más extremas, afectando así las actividades socioeconómicas y los
pequeños ecosistemas que componen la región, incluso, se dice que de derretirse
por completo el Ártico, muchas de las islas caribeñas desaparecerían con la
crecida del mar.
3.
La poca o nula armonización de las expectativas
de crecimiento y expansión económica con las de un desarrollo sostenible.
China pretende ser la primera potencia mundial, sin embargo la pregunta está en
el aire: con menos recursos, una creciente clase media y un mayor
encarecimiento de los mismos ¿hasta dónde alcanzará para crecer? Igualmente
diversos países como Brasil, Rusia, India y Sudáfrica pretenden crecer a tasas
superiores al 5% o bien, posicionarse como futuras potencias económicas y
políticas en el escenario internacional.
Ante estos panoramas, ¿Cómo hemos
pensado a México? Si bien el país
“alcanza para todos”, la situación actual que vivimos es lamentable en dos
sentidos: a) la pobreza subsiste a pesar de que somos un país rico debido a la injusta
distribución de la misma; b) hay crecimiento pero no desarrollo, pecado del
pasado. A pesar de ello, la firma de inversión Goldman Sachs pronostica que
nuestro país será la séptima economía mundial para el año 2020, pero ¿Cómo
proyectarse como potencia mundial teniendo a largo plazo recursos naturales y
vitales limitados? ¿A qué costo podremos ser potencia económica? ¿Cuánta agua
necesitaremos? ¿Cuánto gas? ¿Cuántos bosques y selvas serán necesarios para
sostener dicho crecimiento? ¿Cuánto petróleo necesitaremos extraer?
En suma, resulta imperativa la
revisión a fondo de las oportunidades que existen en áreas como las energías
renovables y el ecoturismo, entre otras, pero también se tiene que repensar no
sólo nuestra política económica y
ambiental, sino plantearnos el ¿porqué crecer? ¿para qué crecer? y ¿cómo
crecer?
Bibliografía
CONABIO (Comisión Nacional de la
Biodiversidad)
FAO (Organización de las Naciones
Unidas para la Alimentación y la Agricultura)
WWE (Fondo Mundial para la
Naturaleza)
Instituto Nacional de Ecología
CNN Expansión
Día Internacional de la
Biodiversidad (página oficial)
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