miércoles, 16 de mayo de 2012

El Istmo de Tehuantepec


Un gigante dormido

Para nadie es un secreto ni una novedad la potencialidad que guarda nuestro único estrecho geográfico, uno de los pocos con los que cuenta el continente americano: el Istmo de Tehuantepec, que  pesar de dicho potencial en los recientes años se ha subutilizado y en diversas ocasiones fue objeto de pretensiones trasnacionales.

 Esta zona de nuestro país con clima subtropical y estable todo el año alberga un millón y medio de personas, abarca a los Estados de Veracruz y Oaxaca, y cuenta con dos puertos de importancia estratégica al concentrar el 85% de la industria petroquímica mexicana, estos son Coatzacoalcos (ubicado en el golfo de México) y Salina Cruz (en el Pacífico).

Sin embargo en la mayor parte de la región, el grado de desarrollo y los niveles de prosperidad económica no son los suficientes, se presenta un atraso considerable en educación, salud, infraestructura y legalidad entre otros, lo cual, aunado a la falta de visión por parte del poder político para poner en “orbita” a la región, han sido factores para denominarla una zona  geopolíticamente “dormida”.

En términos transfronterizos el Istmo de Tehuantepec pertenece geográficamente a Centroamérica, políticamente a Norteamérica e históricamente forma parte del corredor social y comercial mesoamericano, lo que le da una diversidad única de fuerzas materiales y culturales convergentes.

A lo largo de la historia esta región fue constantemente disputada con miras a su control. Los aztecas lo preveían así cuando buscaron conquistar a los zapotecas ubicados en Tehuantepec, dado que el lugar era clave para el paso de mercancías mayas de la zona del Petén guatemalteco hacia Tenochtitlán y viceversa. Durante la conquista,  los españoles al mando de Hernán Cortés buscaron establecer un puerto en la zona (lo que hoy es Veracruz) que abasteciera las tropas en sus incursiones hacia la península de Yucatán y a lo que actualmente es Chiapas,  que además  le permitiría fundar una interconexión territorial para hacer de dicha región un puente entre Europa y Asia. Nada tonto, Hernán Cortés busca y consigue ser nombrado Marqués de Oaxaca.

Una vez iniciada la época del México Independiente, el Istmo de Tehuantepec fue objeto de deseo por parte de potencias extranjeras como Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, con el objetivo de establecer una ruta comercial que pudiera conectar el Atlántico con el Pacifico, así fue que en 1862 una de las causas estratégicas de la invasión francesa fuera su control. Posteriormente en 1867 se firma con Estados Unidos el tratado McLane-Ocampo, que si bien nunca se concretó, uno de los puntos más relevantes era permitir el libre tránsito de tropas estadounidenses por la ya citada región, e incluso a finales de siglo XIX, se sabe que abundaron firmas Inglesas que estudiaban la factibilidad de construir un canal interoceánico.

Pero, ¿qué paso o qué factores hubo que impidieron el desarrollo de una de las promesas y empresas geográficas más importantes de nuestro país?

Sin ánimo retórico, respuestas hay muchas, como la construcción y la posterior ampliación del canal de Panamá, la centralización de la gestión del país, la falta de capitales, la poca voluntad política, la polarización existente en la zona a causa de conflictos territoriales, incluso las implicaciones internacionales que un canal implicaba -recordemos que hasta el siglo pasado, prácticamente todos los estrechos en el mundo fueron controlados por potencias coloniales-. Estos y muchos otros factores pudieron haber mermado su consolidación. La pregunta que debemos formularnos querido lector, es ¿qué queda por hacer? He aquí algunas perspectivas.

La distancia que separa el Océano Pacífico del Golfo de México a través del Istmo, es de apenas 300 kilómetros, es decir potencialmente navegable o con vías férreas de transportación. Un estudio técnico señala que lo más factible por rentabilidad económica es asentar vías de ferrocarril que atraviesen del puerto de Coatzacoalcos hasta el puerto de Salina Cruz, cuya infraestructura para el almacenamiento y transporte de contenedores ya existe en ambos casos, pero que ante una eventual demanda su ampliación requeriría triplicar sus capacidades. Claro está que no sabemos en qué medida afectaría al medio ambiente dicha mega obra, ni cuáles serían los impactos culturales, sociales y políticos.

Asimismo cabe señalar, que, a pesar de ser un territorio de relativamente pequeño, concentra un potencial energético y natural invaluable. Solamente en la Selva Chimalapa se encuentra el segundo pulmón de México y el macizo forestal más compactado y mejor conservado de Norteamérica -sólo comparable con la Gran Selva Maya- con un total cercano al millón de hectáreas de bosques y selvas. Es en la región Chimalapa en donde se concentra la mayor cantidad de metros cúbicos de agua por habitante y una de las mayores reservas de este vital líquido, por tanto la potencialidad de esta zona reside en los abundantes recursos naturales como los bosques, la fauna y la tierra fértil.

En lo que respecta al potencial energético, este apunta a las energías renovables. Una breve descripción señala que la región de La Ventosa (ubica en el Istmo de Tehuantepec) se caracteriza por fuertes vientos cuya velocidad promedio anual fluctúa entre los 20 y 25 metros. Según la Comisión Federal de Electricidad (CFE) el potencial eólico del Istmo de Tehuantepec puede llegar hasta los 9000 mega watts, que comparado con el potencial total de México, según fuentes de la Secretaria de Energía, produciría el 12% del total de energía renovable, teniendo así la posibilidad de exportarla a Guatemala y parte de Centroamérica.  

Si bien la región cuenta con abundantes recursos naturales y un potencial energético de tipo eólico, la falta de infraestructura, de cultura y voluntad política, así como la falta de coordinación entre los tres niveles de gobierno ha hecho que el Istmo de Tehuantepec se estanque y que los oriundos de la zona corran el peligro de quedar excluidos de los distintos desarrollos que ya se llevan a cabo, muestra de ello es el parque eólico y los capitales que ahí se representan. La grandeza de un país y sus espacios sólo se logra a través de quienes lo habitan. Recordemos que la clave de la importancia de los espacios geográficos, como señala la Geopolítica crítica, reside en el espíritu y  uso histórico que sus habitantes hagan de ésta.

Debemos tener inteligencia y sobre todo visión de Estado para resolver, estabilizar y potenciar al Istmo de Tehuantepec como lo que siempre ha sido, un referente mesoamericano, un punto de unión natural entre América del Sur y América del Norte, un espacio mexicano para promover el desarrollo y sobre todo, una posibilidad más para unir al mundo.

Fuentes:
Breve Historia de México. COLMEX
Villagómez Yanga, Atlas de las culturas del agua en América Latina y el Caribe. Colegio de Michoacán
Miguel Ángel García. El megaproyecto del Istmo de Tehuantepec: Globalización y deterioro socio ambiental.  Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales.
Ricardo Henestrosa Orozco. Investigación y Ciencia. Universidad Autónoma de Aguascalientes.
Emanuel Gómez, Ciiesas-Golfo
Datos Inegi 2010
Datos del instituto nacional para el federalismo y el desarrollo municipal
Información del Instituto Nacional de Ecología
Página oficial de Secretaría de Energia
Página Oficial de la CFE

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