Un
gigante dormido
Para nadie es un secreto ni una
novedad la potencialidad que guarda nuestro único estrecho geográfico, uno de
los pocos con los que cuenta el continente americano: el Istmo de Tehuantepec,
que pesar de dicho potencial en los
recientes años se ha subutilizado y en diversas ocasiones fue objeto de
pretensiones trasnacionales.
Esta zona de nuestro país con clima subtropical
y estable todo el año alberga un millón y medio de personas, abarca a los Estados de
Veracruz y Oaxaca, y cuenta con dos puertos de importancia estratégica al
concentrar el 85% de la industria petroquímica mexicana, estos son Coatzacoalcos
(ubicado en el golfo de México) y Salina Cruz (en el Pacífico).
Sin embargo en la mayor parte de
la región, el grado de desarrollo y los niveles de prosperidad económica no son
los suficientes, se presenta un atraso considerable en educación, salud,
infraestructura y legalidad entre otros, lo cual, aunado a la falta de visión
por parte del poder político para poner en “orbita” a la región, han sido
factores para denominarla una zona geopolíticamente “dormida”.
En términos transfronterizos el
Istmo de Tehuantepec pertenece geográficamente a Centroamérica, políticamente a
Norteamérica e históricamente forma parte del corredor social y comercial
mesoamericano, lo que le da una diversidad única de fuerzas materiales y
culturales convergentes.
A lo largo de la historia esta
región fue constantemente disputada con miras a su control. Los aztecas lo
preveían así cuando buscaron conquistar a los zapotecas ubicados en
Tehuantepec, dado que el lugar era clave para el paso de mercancías mayas de la
zona del Petén guatemalteco hacia Tenochtitlán y viceversa. Durante la
conquista, los españoles al mando de
Hernán Cortés buscaron establecer un puerto en la zona (lo que hoy es Veracruz)
que abasteciera las tropas en sus incursiones hacia la península de Yucatán y a
lo que actualmente es Chiapas, que
además le permitiría fundar una
interconexión territorial para hacer de dicha región un puente entre Europa y
Asia. Nada tonto, Hernán Cortés busca y consigue ser nombrado Marqués de
Oaxaca.
Una vez iniciada la época del
México Independiente, el Istmo de Tehuantepec fue objeto de deseo por parte de
potencias extranjeras como Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, con el
objetivo de establecer una ruta comercial que pudiera conectar el Atlántico con
el Pacifico, así fue que en 1862 una de las causas estratégicas de la invasión
francesa fuera su control. Posteriormente en 1867 se firma con Estados Unidos
el tratado McLane-Ocampo, que si bien nunca se concretó, uno de los puntos más
relevantes era permitir el libre tránsito de tropas estadounidenses por la ya
citada región, e incluso a finales de siglo XIX, se sabe que abundaron firmas
Inglesas que estudiaban la factibilidad de construir un canal interoceánico.
Pero, ¿qué paso o qué factores
hubo que impidieron el desarrollo de una de las promesas y empresas geográficas
más importantes de nuestro país?
Sin ánimo retórico, respuestas hay
muchas, como la construcción y la posterior ampliación del canal de Panamá, la
centralización de la gestión del país, la falta de capitales, la poca voluntad
política, la polarización existente en la zona a causa de conflictos
territoriales, incluso las implicaciones internacionales que un canal implicaba
-recordemos que hasta el siglo pasado, prácticamente todos los estrechos en el
mundo fueron controlados por potencias coloniales-. Estos y muchos otros
factores pudieron haber mermado su consolidación. La pregunta que debemos
formularnos querido lector, es ¿qué queda por hacer? He aquí algunas
perspectivas.
La distancia que separa el Océano
Pacífico del Golfo de México a través del Istmo, es de apenas 300 kilómetros,
es decir potencialmente navegable o con vías férreas de transportación. Un
estudio técnico señala que lo más factible por rentabilidad económica es
asentar vías de ferrocarril que atraviesen del puerto de Coatzacoalcos hasta el
puerto de Salina Cruz, cuya infraestructura para el almacenamiento y transporte
de contenedores ya existe en ambos casos, pero que ante una eventual demanda su
ampliación requeriría triplicar sus capacidades. Claro está que no sabemos en
qué medida afectaría al medio ambiente dicha mega obra, ni cuáles serían los
impactos culturales, sociales y políticos.
Asimismo cabe señalar, que, a
pesar de ser un territorio de relativamente pequeño, concentra un potencial
energético y natural invaluable. Solamente en la Selva Chimalapa se encuentra
el segundo pulmón de México y el macizo forestal más compactado y mejor
conservado de Norteamérica -sólo comparable con la Gran Selva Maya- con un
total cercano al millón de hectáreas de bosques y selvas. Es en la región
Chimalapa en donde se concentra la mayor cantidad de metros cúbicos de agua por
habitante y una de las mayores reservas de este vital líquido, por tanto la
potencialidad de esta zona reside en los abundantes recursos naturales como los
bosques, la fauna y la tierra fértil.
En lo que respecta al potencial
energético, este apunta a las energías renovables. Una breve descripción señala
que la región de La Ventosa (ubica en el Istmo de Tehuantepec) se caracteriza
por fuertes vientos cuya velocidad promedio anual fluctúa entre los 20 y 25
metros. Según la Comisión Federal de Electricidad (CFE) el potencial eólico del
Istmo de Tehuantepec puede llegar hasta los 9000 mega watts, que comparado con
el potencial total de México, según fuentes de la Secretaria de Energía, produciría
el 12% del total de energía renovable, teniendo así la posibilidad de exportarla
a Guatemala y parte de Centroamérica.
Si bien la región cuenta con
abundantes recursos naturales y un potencial energético de tipo eólico, la
falta de infraestructura, de cultura y voluntad política, así como la falta de
coordinación entre los tres niveles de gobierno ha hecho que el Istmo de
Tehuantepec se estanque y que los oriundos de la zona corran el peligro de
quedar excluidos de los distintos desarrollos que ya se llevan a cabo, muestra
de ello es el parque eólico y los capitales que ahí se representan. La grandeza
de un país y sus espacios sólo se logra a través de quienes lo habitan. Recordemos
que la clave de la importancia de los espacios geográficos, como señala la
Geopolítica crítica, reside en el espíritu y uso histórico que sus habitantes hagan de
ésta.
Debemos tener inteligencia y
sobre todo visión de Estado para resolver, estabilizar y potenciar al Istmo de
Tehuantepec como lo que siempre ha sido, un referente mesoamericano, un punto
de unión natural entre América del Sur y América del Norte, un espacio mexicano
para promover el desarrollo y sobre todo, una posibilidad más para unir al
mundo.
Fuentes:
Breve Historia de México. COLMEX
Villagómez Yanga, Atlas
de las culturas del agua en América Latina y el Caribe. Colegio de
Michoacán
Miguel Ángel
García. El megaproyecto del Istmo de Tehuantepec: Globalización y deterioro
socio ambiental. Movimiento Mundial por
los Bosques Tropicales.
Ricardo
Henestrosa Orozco. Investigación y Ciencia. Universidad Autónoma de Aguascalientes.
Emanuel Gómez,
Ciiesas-Golfo
Datos Inegi 2010
Datos del instituto nacional para el federalismo y el
desarrollo municipal
Información del Instituto Nacional de Ecología
Página oficial de Secretaría de Energia
Página Oficial de la CFE
No hay comentarios:
Publicar un comentario