miércoles, 9 de mayo de 2012

Bolivia-Argentina


¿paralelismos?

La expropiación de la industria Eléctrica en Bolivia anunciada el pasado primero de Mayo puso de nuevo en la agenda el tema de la nacionalización de empresas estratégicas. Ha pasado menos de un mes desde la estatización de YPF en Argentina, y esto ha venido a ser un balde más de agua fría para los defensores del libre mercado y la desregulación estatal. ¿Paralelismo con el reciente proceso argentino?

Es tentador asimilarlo de esa manera, pero no es tan simple, puesto que sería reduccionista afirmar que la expropiación sólo responde al modus operandi de los gobiernos de izquierda. Para empezar, la industria no es la misma, las dimensiones económicas tampoco lo son, como tampoco lo son la agenda energética que tiene Bolivia y la que tiene Argentina, dado que la primera busca la consolidación y expansión de su industria eléctrica bajo el modelo de energías renovables y la diversificación de fuentes alternativas como la geotermia y la hidroeléctrica, mientras la segunda apela al autoabastecimiento de hidrocarburos y la posterior exportación de dichos minerales.

Si bien ambos gobiernos atraviesan por índices cuestionables de aceptabilidad, en Bolivia la situación es bastante diferente a la de Argentina. Primeramente  sería bueno recordar que, en la década del 90  bajo la presidencia de Gonzalo Sánchez de Lozada, la industria eléctrica boliviana no pasaba su mejor momento: la Empresa Nacional de Electricidad estaba endeudada, y la “solución” (dado el espíritu económico de la época) era privatizarla en casi su totalidad. El objetivo era recapitalizar dicha empresa y expandir la oferta de energía eléctrica por todo el territorio, esto es, pasar de transmitir electricidad en 6 departamentos a los 9 que conforman Bolivia.

Uno de los compromisos adquiridos por la iniciativa privada, era la inversión sostenible para poder consolidar la transmisión de electricidad en el mercado interno. En los hechos, las cosas no fueron así, han pasado casi 16 años y el llamado anillo energético boliviano no ha podido cerrarse, motivos hay muchos, entre ellos resalta que las inversiones en este campo a penas han alcanzado los 10 centavos por cada peso de ganancia (FTE México, Boletín Mayo), además, la situación real de la industria eléctrica no se encuentra en consonancia con el Plan Óptimo de Expansión del Sistema Interconectado Nacional 2012-2022 emanado del Ministerio de Hidrocarburos y Energía de dicho país, en donde se señala que es menester responder a la creciente demanda de electricidad durante los próximos 10 años a un ritmo de 6% anual.

La industria eléctrica es para Bolivia estratégica en dos sentidos. Por una parte la política instrumentada por el gobierno de Evo Morales consiste en diversificar las fuentes de generación de energía, pasar a un modelo sustentable, cuya dependencia del gas natural baje considerablemente, de modo que a largo plazo, el gas utilizado en generar electricidad sea producto de exportación, pudiendo así venderlo al triple que lo que actualmente se vende en el mercado interno.

En segundo orden, pero no menos importante, se tiene proyectado que el crecimiento del PIB boliviano estará ligado al crecimiento de la demanda interna de energía eléctrica (esto aplica casi para cualquier país), es así que por cada 1% de crecimiento en el PBI de Bolivia entre 2012 y 2020, se requerirá 1.4% de aumento en la generación de electricidad, por lo cual un freno en la inversión de proyectos estratégicos en la industria de esta rama, incidiría directamente en la economía boliviana. Cabe destacar en este sentido, que la Constitución aprobada en 2009, contempla como una obligación del Estado, proveer de entre otros servicios la electricidad a la población.

Finalmente, queda resaltar que mucho se dice en términos ideológicos sobre las expropiaciones, no obstante aquí se ha intentado poner en perspectiva razones de orden estructural, bajo las cuales Bolivia intenta –al menos en la letra- hacer de la electricidad un medio que a largo plazo no impida su crecimiento sino más bien, lo sostenga.

La historia juzgará qué tan buena o mal fue la medida, recordemos que el Consenso de Washington en su momento fue novedoso y resultó una salida a las crisis económicas en Latinoamérica, pero cuando se sintieron los efectos, pasó a ser un concepto políticamente incorrecto…

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